CRÍTICA | TRANSCENDENCE: IDENTIDAD VIRTUAL (2014)

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Hay algo más en Transcendence, el debut de Wally Pfister como director. Ese elemento, sobrepasa las barreras de su narrativa y encuentra la forma de refrescar un conflicto, además de deleitarnos con su imperfecta, pero intrigante, trama. Irónicamente, la esperanza de una superproducción con cerebro, trasciende los parámetros de lo que el film en sí representa a merced de su inteligente narración. Si Pfister aprendió algo como director de fotografía para Christopher Nolan, es que la audiencia no debe ser tratada infantilmente, y Transcendence sabe respetar a su espectador.

Amparado por una mente brillante, pero sobre todo ambiciosa, rodeamos constantemente la existencia del Doctor William Caster (Johnny Depp), dueño de visiones más que avanzadas acerca de nuestros límites sobre la tecnología. Aunque, esas revolucionarias ideas, ubicando a la inteligencia artificial por encima de la nuestra, lo ponen en peligro, siendo el objetivo de RIFT, un grupo en contra de los adelantes de dicho calibre. Temiendo a las consecuencias de su trabajo, estos individuos son culpables de un disparo que no acaba con la vida de Caster, pero si lo abandona con escasas semanas para vivir.

A su lado en sus últimos días, Evelyn (Rebecca Hall), su esposa y colega, percibe el dolor de Will, tanto físico como sentimental. Perderlo es su mayor tortura, pero lo que también es capaz de atormentarla, es el punto final que su marido debe poner en su ardua y prometedora investigación. Es ahí donde Evelyn deberá cruzar la línea y fusionar sus miedos, pudiendo salvar a su esposo a través de esa tecnología experimental. El proceso en cuestión será el de introducir la consciencia de Will en una supercomputadora, creando así la primera inteligencia digital consciente de sus actos. De esta manera, los estudios del Dr. Caster recibirán el más grande de los avances, dándole la oportunidad de llevar sus teorías a extraordinarias fronteras. Lo que resta es saber es si de verdad es Will quien controla a esta identidad.

Supongo que no tiene sentido obviar los claros problemas que Transcendence refleja en diversas ocasiones, solo a base de elevar el valor de sus principales ideas. Pero si cabe decir que dichos planteos, esos si son algo fascinante. Es por ello que me veo atado de manos frente a un film tan entregado a su concepto pero tan detenido por el lienzo que se le otorga, que mirándolo mejor, aun es poco común. Con tanto talento sobre él, la confianza en un proyecto como éste es sorprendente, pero su potencial es digno de algo más.

No se trata de que sus planteos sean demasiado complejos, sino de que estos son imaginativos, al punto en que abren posibilidades y extremos realistas. Resultan auténticos, y como consecuencia, sus encrucijadas acaban siendo más relevantes que los desenlaces o desarrollos. Parte de su impotencia para ascender como algo más que un thriller cibernético, se debe al mismo guion que tantas veces maravilla. Ya que éste no puede poner sobre sus hombros las realidades de nuestra sociedad. La globalización y la respuesta humana, son solo generadores de duda considerables para una noción futurística e inteligente de 120 minutos. El verdadero problema es que dicha duración no se acerca a la necesaria para transmitir la visión que Pfister y el guionista Jack Paglen intentan transmitir.
TRANSCENDENCE

En caso de que resulte difícil de descifrar a medida que separo el potencial de sus tropiezos casi fuera de su propio alcance, el principal factor de Transcendence es que se trata de una millonaria producción con un elenco de primera. Es necesario recordarlo, dado que esa misma cinta es esencialmente una íntima e intrigante reflexión sobre las posibilidades de la tecnología, barajando tanto pros como contras, y asegurando una amena discusión al respecto.

Su naturaleza discutible nace en el mismo protagonista. Incluso si Will Caster es utilizado en promociones y en la misma cinta como antagonista, no se me ocurre un villano más interesante o cuestionable para descifrar. A su vez, esa acusación de maldad debe ser utilizada con cuidado, sabiendo esa sola denominación desata la principal conversación que el film ofrece. A su vez, las nociones de dicho personaje también rebotan en el trabajo de Johnny Depp, quien recibe el errado título de personaje principal.

Comandando genuinamente el film, Rebecca Hall si es la justa protagonista de Transcendence. Refrescante sin duda alguna, tras ver a Depp en cada uno de los afiches. Pero más a favor de Hall, es su fuerza frente a un dilema, tanto sentimental como revolucionario, el cual revitaliza la narración de la película. A su lado se le suma una notable cantidad de estrellas adicionales, las cuales, debido a un escaso tiempo de desarrollo, no reciben la luz que merecen. No cualquier film carga aportes de los siempre confiables, Morgan Freeman y Cillian Murphy, pero su participación aun es solo significativa. Paul Bettany por otro lado, si se hace con la mayor parte del escenario, interpretando a Max, la mano derecha de Will y Evelyn. Max actúa como la voz de la audiencia constantemente, posicionándose en ambos lados del conflicto, sea por su relación con los involucrados en el experimento, o su sola participación en ambos flancos. Es la figura necesaria que un film de este calibre debe presentar, y es un alivio saber que ésta recibe la atención que necesita.

Habiendo sido una cinta tan reprochada, no me gustaría imaginar la respuesta que tendría un corte mucho más extenso de la misma. Sin embargo, Transcendence se merece poder explorar sus inteligentes y fascinantes ideas en un paquete aún más grande del que ya tiene el honor de ser. Agradezco la intimidad de sus intenciones, pero el material en cuestión debería ser capaz de  resonar a un nivel mundial y tendría que permitirle a sus ideas y personajes respirar un poco más. Lamentablemente, desde sus cimientos, la demanda es distinta.

Por más que no pueda cumplir con todo lo que promete, o al menos con mis expectativas de lo que debería cumplir, Transcendence sigue siendo una rareza para Hollywood; en la que un grupo de reconocidos jugadores crean un entretenimiento con cerebro y con respeto por la inteligencia del espectador. Sí, es posible que su trama resulte inverosímil, pero su desarrollo y mensaje no lo son. Wally Pfister y Jack Paglen dejaran un reflejo de su talento tras este debut, y ese es el de sus ambiciosas visiones. Miradas en las que nuestras ataduras quedan expuestas y nuestros miedos a lo desconocido vuelven a traicionarnos. Donde la trascendencia y supervivencia de nuestra especie baraja infinitas posibilidades.

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