CRÍTICA | TRANSFORMERS: LA ERA DE LA EXTINCIÓN (2014)

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Michael Bay es un género en sí mismo. Su trabajo no suele ser cine, sino que resulta un espectáculo de pirotecnia en el que ocupa la mayor parte del tiempo puliendo las demencias y brillos en cada uno de sus cuadros. Con Transformers: La Era de la Extinción, su firma parece haber excedido la línea punteada, dándole al descontrol y al exceso nuevas fronteras. En un total de 165 abrumadores minutos, nadie podrá reprocharle el precio a su entrada, dándole a sus espectadores mucho más de lo que han pagado. A merced de dinosaurios mecánicos, horas de explosiones y el más epiléptico desfile de efectos visuales, La Era de la Extinción es ver para creer.

Al no ser cine, sino un evento de esta magnitud y clase, me siento aplastado por sus acontecimientos. ¿De qué manera deberíamos afrontarlo? ¿Es necesario desatar la ira sobre un trabajo tan tonto y mediocre, o es posible toparse con algo de respeto por haber rebasado el límite de la cordura y la escala? Porque Michael Bay logra lo imposible dentro de sus entretenimientos dementes, al no solucionar casi ninguno de los problemas que el resto de las Transformers habían lucido. Diría más, la mitad de ellos están elevados, y frente a tal resultado, estoy asustado. Temo por lo que este tipo de millonarias apuestas puedan concebir, pero lo que es más importante, no existía un segundo en el que este miedo apartara mis ojos de la pantalla, la cual no paraba de sorprenderme.

Entre lo pulido, no deberían existir protestas sobre la complejidad de esta nueva historia de Autobots, Decepticons y humanos en el medio. Ubicándose solo un poco después del anterior capítulo, la destrucción que dejo la gigantesca batalla entre Transformers en Chicago ha convencido a la humanidad de que no quieren a estos extraterrestres en su suelo. Consiguiendo que los robots gigantes tengan que esconderse para evitar la extinción.

Lejos de toda esa actividad alienígena, el film se centra en Cade Yeager (Mark Wahlberg), un inventor de Texas que pasa por momentos económicos difíciles. En busca de dar con una solución a sus problemas, Cade se hace con un camión averiado para intentar repararlo y venderlo. Pero este vehículo no es como cualquiera, y él pronto lo nota a medida que el mismo se transforma en Optimus Prime, líder de los Autobots. Sin embargo, Yeager no es el único que conoce la verdad sobre este camión ya que no le tomara demasiado tiempo al gobierno para aparecerse frente a su casa en busca del alienígena. Este incidente acabara involucrándolo a él y a su hija, Tessa (Nicola Peltz), lo que los obliga a ambos a asistir a los Autobots, quienes anticipan una amenaza mucho más poderosa.

Con más simpleza, y todavía más elementos por mencionar, el sin sentido si sigue a la orden del día. Podríamos comenzar por profundizar la idea de ver Wahlberg interpretando a un inventor e intentando darle la apariencia de uno solo con un par de lentes. Claramente esta idea es absolutamente inviable de la forma en que se presenta, aunque eso solo es una pizca en el mundo de Bay. Al ser este un lienzo sin sentido o coherencia, una avalancha de colores abstractos que chocan entre si y en el que el mal gusto o la ignorancia parecen ser el principal factor de su “obra de arte”.

La promesa en Transformers: La Era de la Extinción es reiniciar una franquicia más que lucrativa. No obstante, sabiendo lo efectiva que ha sido hasta el momento, la posibilidad de un cambio era nula, ubicando a sus creadores entre una lección no aprendida y la sincera indiferencia. El caso es que siendo la cuarta entrega, la misma solo se limita a bajarle el tono a sus problemas más latentes, mientras eleva el volumen de aquello que no ha recibido tantas críticas. A la larga, está claro que Michael Bay y el guionista Ehren Kruger, quien afronta el libreto por sí mismo, son inmunes a cualquier criticismo, al llevar a su circo unos cuantos escalones más arriba. Sin embargo, ¿Quién puede culparlos cuando el producto que proporcionan es comprado con tanto entusiasmo? Incluso yo me siento parte del problema, mientras soy capaz de disfrutar la completa mediocridad que estas cuatro cintas (O al menos dos de ellas), han proporcionado. La Era de la Extinción por otro lado,ya no es un placer con culpa, es un placer escalofriante al percatarse de lo visto.
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Todo esto despierta la siguiente pregunta, ¿Michael Bay es burdo o muy inteligente? Esta más que claro que su mano es talentosa en ciertos aspectos, pero entonces, como se supone que debemos entender el paso de un humor más que infantil, su visión machista y la sobreexplotación de publicidad. Estamos en un reino que desafía el buen gusto, lo correcto y lo ingenioso; y no puedo soportar la mentira en la que no admito que este gigantesco producto consigue su cometido.

A mereced de 3 horas con esta clase de factor, la cinta no merece, si bien requiere, un análisis de sus problemas y naturaleza a fondo. A su vez, es necesario ubicarla dentro de un género para evaluar sus daños. ¿Qué es Transformers: La Era del Extinción? En su corteza, y cubriendo un 60% del film, esta es una película de acción absoluta, y con eso me refiero a la explosión de sus credenciales en dicho género. No debería haber malinterpretaciones al respecto, como tal, el film entrega demasiado, pero incluso señalándola en la categoría más simple, el mismo se mantiene intacto acerca de mis declaraciones.

Admitiendo que el factor humano, con todos sus nuevos protagonistas, ha mejorado, cada personaje aun cae en básicos que cualquier guion competente debería evitar. Entre traiciones, inconsistencias, arcos sin destino e incluso la creación de algo similar a caricaturas, Transformers vuelve a cumplir su regla de no tener personajes, sino repartos. Miren, ahí está Mark Wahlberg disparando un arma alienígena, y mírenlo ahora, tiene puesto un par de lentes por lo que claramente es un inventor. No se trata de que a Wahlberg no le siente el papel, ya que su incorporación es una de las principales mejoras para la franquicia. El problema es que no existe una pizca de tiempo que extienda esa idea, dado que pasa de ser un inventor a una mente maestra, capaz de hackear tecnología extraterrestre, en cuestión de segundos.

No suelo pedir demasiada sustancia en mis Transformers, pero si se pretende darle peso a esta vacía historia, es necesario usar parte de sus excesivas tres horas para establecer competentemente a un puñado de personajes. No hay demasiado que reprocharle a Wahlberg, quien entiende lo que está haciendo a medida que conversa con el ahora cínico Optimus Prime. Dicho eso, el protagonista aun corre junto a Nicola Peltz y Jack Reynor, a quienes Bay filma como una modelo y un fabricador de chistes para Wahlberg. Sumemos al siempre genial Stanley Tucci cayendo algo bajo, y a Kelsey Grammer como villano, y la mejora existe pero aun es mínima, mientras esta franquicia vuelve a tirar talento a la basura.

“¿Y por qué no hacerla solo con robots?” fue una de las preguntas que se me expreso una vez culminado el film. Todos los elementos para responder a dicha cuestión están en pantalla. Solo admiren los efectos visuales que estas cintas han despertado, está claro que a esta altura en el juego, una película compuesta solo por Transformers es viable, pero a su vez, miren lo que han hecho con ellos cuando no están atados a un combate.

Afrontémoslo, la bidimensional y mentalidad infantil con la que estos personajes han sido concebidos va más allá de cualquier inconveniente en esta serie. Estos avanzados alienígenas se ponen en ridículo con unas cuantas líneas vergonzosas o solo se los define con un color y un estereotipo. Volviendo al hecho de no aprender las lecciones, Kruger y Bay aun parecen convencidos de que algún día solucionaran este problema. Habiendo cargado ciertos conflictos raciales en las dos primeras cintas, la idea de descartar y volver a empezar no ha funcionado hasta el momento, después de todo, puedo asegurar que la tercera entrega aun lucia a un Transformer disfrazado de Ferrari mencionando un par de palabras en italiano. En esta instancia, las cosas no han cambiado, presentando otro set de robots completamente nuevos y sin precedentes. ¿Quiénes son? Bueno, el Transformer verde, el fumador de habanos, y por último lo mejor, el samurái, que no puede soltar dos palabras sin escupir un cliché como “Sensei” y a quien Ken Watanabe presta su voz. Realmente ingenioso…
Optimus Prime

Milagrosamente, si existe un desarrollo en toda la franquicia. Luego de diez horas de material, el líder de los Autobots, y principal Transformer, Optimus Prime, parece haber entrado en un espiral curioso, en el que pasa de ser el defensor de humanos al destructor de todo el que no quiera asistirlo. Si soy realista, con todas las amenazas que nuestro planeta acaba por darle, es creíble que el robot quiera terminar su relación con nosotros. Aun así, éste no es el personaje más consistente en la franquicia, lo cual es trágico, dado que Bumblebee, el robot mudo, aun es el más admirable, lo cual no es ninguna coincidencia.

Definiéndola como un asunto de acción principalmente, Michael Bay aún no ha perdido el toque y es probable que nunca lo haga. Topándonos con 80 minutos en los que las explosiones, los golpes y la completa destrucción son lo único visible, lo presentado en pantalla es casi hipnotizaste, y nos distrae de lo nefasto alrededor.

Lo que Bay crea, y supera con honores, es mantener unas tres horas en constante movimiento, color y brillo, en las que nuestras neuronas se incendian sin nuestro consentimiento. Miremos a Titanes del Pacifico, de Guillermo del Toro, en contraste. Aquel film intento darnos un par de personajes, explicar su mundo y enfrento gigantescos robots con aun más grandes criaturas. ¿El resultado? Ese fue monótono y poco interesante. Me duele decir lo siguiente, pero no sé si Titanes del Pacifico podría funcionar alguna vez tras ver La Era de la Extinción. Las intenciones de esta épica descerebrada son incomparables, y como consecuencia le permiten realizar momentos imbatibles. Por más tontos que sean, todo lo demás se vería demasiado pequeño en comparación.

Aun con las dinámicas demostraciones de acción, el film aun prosigue a mantener vivo lo que representa. Esto quiere decir ver explosiones en slow motion acompañados por gigantescos anuncios de Victoria Secret, Oreos, Beat y otro millón de marcas. El estilo Bay es casi obsceno en todo lo que hace, ya sea acción o dialogo. Simplemente no existe sutileza en el asunto y eso es lo que dispara a la película a un exclusivo rincón en el que solo podrá encontrar compañía con el siguiente paso en esta serie.

Transformers 5, que aceptémoslo acabara existiendo, seguro pondrá su explosiva acción en otro planeta, conseguirá alcanzar una duración de 180 minutos y seguro traiga nuevos Transformers a la mezcla. Mas acción, más Bay, mas todo. No tengo la imaginación para pensar en lo que podría ser inventado, si bien aún muero por saber cómo este “cineasta” se supera, porque ha creado algo sin precedente. No hay arte en Transformers, Michael Bay y todos sus cómplices saben lo que han creado y por ello no soy capaz de echárselos en cara.

Transformers: La Era de la Extinción es primitiva, pero no como sus anteriores entregas. Ésta sobrepasa la capacidad de asombro y el límite de adonde llegara la explotada escena de su caos. Por una vez en una sala de cine, estoy perplejo ya que este extenso proyecto es ofensivamente tonto. Aunque, al evitar ser una película, a base de romper las barreras de la consciencia, el experimento va más allá. No puede ser catalogado, pero si puede ser odiado, admirado e incluso amado. Todo a la misma vez, posiblemente.

En mi caso, estoy asustado por el futuro del cine, ya que habrá más eventos como este en el horizonte. Pero más aún, mi pavor despierta con el no saber qué hacer con algo así. A medida que sus créditos corrían, mi propia mente se recuperaba de una explosión interna, aunque, de alguna forma, no estaba enojado. Estaba asombrado, y todavía lo estoy…

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