CRÍTICA | DECISIÓN FINAL (2014)

DRAFT DAY

No importa cuántas pelotas de Futbol Americano cargue Kevin Costner en su mano, Decisión Final no es de ninguna manera un film sobre dicho deporte, o cualquier otro en realidad. En sí, el film utiliza el día del Draft de la NFL para cubrir un guion centrado en los familiares suspensos o dramas detrás de la formación de un equipo. Me refiero a la presión del cuerpo técnico y sus relaciones, todo impulsado con los elementos más tradicionales o predecibles. Sin embargo, no olvidemos lo más importante, Ivan Reitman es quien decide las jugadas, y bajo su mando, hay con que distraerse en este hibrido drama tan ligero como entretenido.

Aludiendo a su título original, la cinta toma lugar durante el “Draft Day”, día en que los equipos de la NFL tienen la oportunidad de elegir y darles un puesto a las nuevas promesas del deporte, quienes según lo explicado, solo refiere a los jugadores universitarios graduados. En dicha fecha, comenzamos a seguir a Sonny Weaver Jr. (Kevin Costner), Manager de los Cleveland Browns, y figura en la mira de todo Cleveland. Siendo el responsable de las elecciones en el Draft, Sonny deberá prepararse para unas 12 horas alborotadas, en las que, su equipo, los fanáticos, e incluso su vida personal, le exigirán todo.

Aparentemente, este es un día de Draft poco corriente, y eso es lo que resulta más genuino en estos 110 minutos tan concurridos, dado que el solo concepto principal, que cubre al film sin respiro, ni siquiera recibe una atención o explicación satisfactoria. Así es como un proyecto acerca de la NFL, el Futbol Americano y un curioso acontecimiento deportivo, no logra responderle a ninguno de sus asuntos pendientes.

En cambio, sí obtenemos incontables llamadas y reuniones estratégicas, y los conflictos sentimentales, supuestamente necesarios, entre Costner y una abogada que trabaja para los Browns, interpretada por Jennifer Garner. Recontando dichos sucesos, el juego de conversaciones tácticas si es absorbente. Por lo cual las mismas deberían desprenderse de aquella otra fila de problemas que se paran frente a Sonny desde el simple momento en que se despierta.

Hay cierto límite de estrés en el que cualquier persona debería detenerse, y llegado el caso de que se pueda aguantar dicho límite, me cuesta entender como nuestro protagonista consigue soportar el imparable destello de eventos que lo golpean. Porque aún no hemos terminado, su trabajo también está en juego, la confianza de su equipo se ve a la deriva, y sus conflictos familiares son incontables. La cantidad de problemas que Sonny Weaver recibe por parte de los guionistas Scott Rothman y Rajiv Joseph es digna de una extensa temporada en una serie televisiva. Pero por fuera de su trama principal, el film aun pretende oprimir todas estos argumentos en un solo lugar, donde la posibilidad de resolverlos en menos de 12 horas es algo impensable.

Aun con esa señalada ansiedad por encima, Costner debe tomar a Sonny Weaver como un ente a prueba del derrumbe. Su persona sigue siendo disfrutable en pantalla pero estoy casi seguro de que debería haber destruido un par de objetos para descargar sus tenciones, ya que claramente, él no tiene planeado cada paso para salir airoso de todas estas situaciones. Afortunadamente, el resto del reparto, ubicado para estresar al protagonista, logra distraernos de dicho problema, al que, si fuera genuino, tendría que comenzar a solucionarse con la ayuda de un par de aspirinas.

Editada con agilidad por Sheldon Kahn y Dana E. Glauberman, aún queda un buen seguimiento por parte de Reitman, quien hace todo lo posible por obsequiar un balanceado tono con el que su duración se siente fugaz. La experiencia acaba resultando positiva gracias a ello, transformando sus escenarios y conversaciones en algo apreciable, dado que sus palabras no son capaces de hacer el trabajo por si solas.

Pensando rápido y moviéndose de la misma forma, Decisión Final aún deja en deuda a un par de equipos en la NFL, al quedar bastante mal parados debido a sus estrategias. Pero esto no debería distraer, ya que el film demanda un set de villanos y héroes, y así decide olvidar cubrir ese evento en el debería estar pensando. Tal y como Soony Weaver no recibe ni un solo respiro, y tampoco los necesita, al no tomarse sus problemas tan en serio, el espectador recibe el mismo trato. Con ningún freno, poca seriedad y cientos de conflictos a resolver en escaso tiempo, el film al menos tiene la decencia de ser competente, incluso si se mantiene a unas cuantas yardas de hacer algo similar a un touchdown.

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