CRÍTICA | GODZILLA (2014)

godzilla-criticaNo son demasiadas las secuencias en Godzilla,de Gareth Edwards (Monsters), en las que somos capaces de ver al rey de los monstruos en toda su gloria. Prácticamente, darle un buen vistazo a la criatura del título es una tarea compleja. Pero hay una razón para dicho percance. Mientras nos enfrentamos a la incertidumbre de como lucirá, el momento de revelación nos golpea, y resulta ser verdaderamente intimidante. Entonces, son esos instantes de considerable magnitud los que justifican las decisiones de esta superproducción, una interesada tanto en el espectáculo como en los humanos escapando de él.

Aceptemos la ciencia de que algunos monstruos prehistóricos han formado parte de nuestro planeta bajo el océano. Alimentándose con radiación, éstos no han pisado la superficie en años, estando satisfechos con las energías provenientes del núcleo de la Tierra. Por supuesto, a medida que el tiempo transcurre, los humanos se encargan de atraerlos a nuestras puertas, ya que, como bien sabemos, no somos ningunos extraños para la radiación.

Tras muchas actividades sísmicas y descubrimientos cuestionables, Joe Brody (Bryan Cranston) indaga las rarezas de estos acontecimientos, resultando en la simple verdad de que no existen coincidencias en ellos. Ford (Aaron Taylor Johnson), su hijo, le da una visita en Japón, el antiguo hogar de su familia, y en contra de todas sus creencias, decide asistirlo con su investigación. Si bien se adentran en territorios supuestamente peligrosos, las fachadas comienzan a revelarse y las gigantescas realidades ven la luz del día.

No le toma demasiado tiempo a Edwards para convertir sus argumentos científicos en una película de monstruos, en la que ni siquiera Godzilla es capaz de comandar toda la atención. Este remake de aquel clásico japonés de 1954 retoma las raíces del casi dinosaurio durante toda su historia, donde no vemos monstruos, sino animales. ¿Cuáles son los comportamientos de un animal? El apareamiento, la búsqueda de alimento, la supervivencia y la defensa de territorios. Estas criaturas acaban con todo a su alrededor con tal de cumplir su objetivo, y lógicamente, acabaran respondiendo a un ataque, pero algo debe quedar claro, no hay pura maldad en ellos. Son guiados por su instinto.

No debemos malinterpretar sus intenciones u objetivos, a la vista está que estos masivos monstruos desatan un considerable caos. Durante el correr de esta catastrófica travesía, las amenazas vagan por el mundo haciendo estragos, posicionándolos automáticamente como villanos. A su vez, si bien deseamos ver a Godzilla aplastando a sus enemigos, entre los cuales llegamos a estar nosotros, las criaturas a las que se enfrenta son tan malvadas como el protagonista heroico. No es ninguna novedad que el icónico monstruo sea catalogado de antihéroe, siendo responsable de destruir como defender. ¿Qué defiende? Su territorio. Cada especie lucha por sobrevivir, nosotros incluidos, y los enfrentamientos acabaran siendo una obviedad. Así debemos recordar que incluso jugando en nuestro favor, nosotros no dominamos a esta gigantesca criatura, y deberíamos tener cuidado de como la tratamos, resaltando la frase del film, “La arrogancia del hombre es creer que la naturaleza está en su control, y no al revés.”

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Bryan Cranston y Aaron Taylor-Johnson en Godzilla

Uno podría preguntarse, ¿Qué papel tenemos nosotros en este choque colosal? Bueno, somos las hormigas básicamente. Asegurándose de dejar su huella, Edwards nunca nos deja olvidar el tamaño de las amenazas. Como dije, son escasos los momentos en que la cámara se centra en la destrucción, ya que la dirección decide concentrase en los humanos. Una decisión valiente a medida que el 90% de Godzilla es apreciado desde nuestro punto de vista. Si bien es decepcionante para aquellos detrás del clásico desfile de acción, Edwards logra escapar al tradicional juego con esta pequeña trampa, en la que la escala se impone y es muy efectiva. Revelando más y más de cada criatura, la cinta acaba por ganarse sus batallas apreciadas desde el cielo, y el espectáculo es verdaderamente aplastante, teniendo algo muy relevante con lo que concluir.

El ver múltiples escenas desde el suelo también nos promete una sólida dosis de drama humano, en el que al menos tenemos cierto interés en aquellos individuos corriendo o tomando decisiones. Algo igual de acreditable al gran elenco que, excepto por Bryan Cranston, parece casi desperdiciado al conocer de lo que es capaz. Aun así, Ken Watanabe es dueño de unas cuantas lianas memorables, así como Aaron Taylor-Johnson sirve perfectamente como protagonista.

Centrándome en Godzilla como personaje, ya que es la simple razón por las que nos ponemos cómodos en nuestra butaca, no hay dudas, es gigante, pendenciero y genial. Verlo gruñir y enojarse le entrega la esencia de antihéroe que merece, cumpliendo con todos los requisitos de uno. Imitando y perfeccionando su diseño original, el disfrute es invocado por todas sus facetas, incluso en sus fatigas luego de recibir unos cuantos golpes. Entender que una criatura, que nada y golpea la mayor parte del tiempo, posea rasgos de personalidad es impresionante, valorando el estado actual de este género. Tal es el caso, que incluso me vi asombrado al ver que su personaje necesitaba más desarrollo. Más que una protesta, el solo llamarlo un personaje lo hace el mejor de los cumplidos, aun siendo el único monstruo gigante que merece y gana ese título epónimo.

Con un tercer acto muy satisfactorio, el juego que propone Godzilla es más que bienvenido entre los espectáculos tradicionales del cine taquillero. Podrá resultar frustrante para aquellos en busca de la cinta de monstruos convencional, ya que el film utiliza más las técnicas de algo como Cloverfield que lo que Roland Emmerich presento con su infame Godzilla de 1998. Con eso detrás de sus intenciones, las películas de monstruos reciben otro respiro de aire puro, con el que la satisfacción es inevitable. Es gigante, ruidosa, inventiva y desafía la fórmula de las clásicas superproducciones. No, no revolucionara el género, pero sí será un referente a la hora de intensificar secuencias. Godzilla vuelve a pisar despiadadamente las salas de cine, y lo hace como debe, desatando el caos.

7

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