CRÍTICA | CAZADORES DE SOMBRAS: CIUDAD DE HUESO (2013)

Demonios, ángeles, brujas, hechiceros, vampiros, monstruos, hombres lobo, triángulos amorosos, incesto, “Harry Potter”, “Crepúsculo” y “Star Wars”. Estos son solo algunos de los ingredientes que el problemático coctel de “Cazadores de Sombras: Ciudad de Hueso”mezcla, un sinfín de elementos fantásticos llevados al límite. Poniendo a prueba al espectador, se nos pregunta, ¿Aguantaras sin reír? Una prueba demasiado cruel.
 
Pasando la lista desde bien temprano, Lily Collins es nuestra heroína, Clary Fray. Chica joven, mejor amigo enamorado y algo que la perturba. Todo en orden por el momento. Presencia extrañas visiones, se obsesiona con cierto símbolo que no comprende y descubre su verdadero destino, ella es una “Cazadora de Sombras”. ¿Qué sigue? Explicaciones, mitología y el proceso cotidiano, bueno, ni tan cotidiano realmente, estos son solo 20 minutos, y lo que resta no es nada menos que un obsequio de torpeza.
 
¿Porque se les llama parodias a las cintas equivocadas? No necesitamos ni golpes ni estupideces para sacarle risas a la audiencia, aparentemente no hace falta pensarlo tanto. Si uno espera, estas aparecen por si solas y las decisiones argumentales hacen el trabajo para “Ciudad de Hueso”, el más reciente y contundente fracaso que ha visto la explotación de la adaptación literaria.
 
Tapando el latente incesto por un momento, ya que cerraría el caso en un instante, insistir e introducir un mundo de fantasía adolecente no es tan fácil como esta franquicia pretende, al degradar productos de por sí bastante degradados a esta altura. “The Mortal Instruments” rompe la más básica de las reglas. Crear romance, conflicto, peligro y un triángulo amoroso no es ningún crimen, pero empecemos por formar un par de personajes preparados para esto, donde podamos entender sus sentimientos sin tener que exagerarlos y gritarlos con miles de señales.  Entre Lily Collins, James Campbell Bower y Robert Sheehan, quienes lo mejor que pueden, existe un foco central al que se juntan otras miles de luces más, una cada vez más pequeña y más apagada que la otra, donde se nos obliga a querer al personaje más secundario, simplemente por mantener su boca cerrada y no ser un licuado de emociones sin razón de ser.
 
Esos son personajes, la barra más superficial y básica de todas, pero una caja de sorpresas como esta no se detiene una vez dispuesta a introducir aquello que toma prestado, o más bien robo, de otras franquicias. Un “Cazador de Sombras” persigue demonios, viven en un castillo invisible para los “mundanos” (humanos sin poderes) y son mitad ángeles. Conceptos difíciles de creer pero relacionados en cierta forma. La cuestión llega en saber dónde colocamos a los vampiros, hombres lobos y todo tipo de magos o criaturas. Desde el segundo en que un grupo de licántropos ataca a otros cien vampiros acechando al tono de una música electrónica, la esperanza de estos cientos de submundos combinados se cuela por una cañería al no entender siquiera que hacen ahí. En cierta escena, una de las cazadoras se ríe burlonamente de alguien por pensar que existen los zombis, y francamente como podríamos culparlo. Nadie pretende decirle de donde ha salido este millar de criaturas y porque ningún humano ha estado al tanto de su existencia. Podrán vivir en discotecas y ser cuidadosos, pero los vampiros no son invisibles. Al menos no parecen brillar…  
 
Ser “gótico” es otra de las prioridades para este relato con la cómica obligación de usar ropa oscura y apretada solo por cazar demonios. Entiendo que pueda haberse visto antes y podría dejarlo pasar, pero se vuelve una regla que aparentemente no están dispuestos a explicar, algo entendible por otra parte después de una hora entera de exposición a su basta e incomprensible mitología. No son los únicos sin embargo, el estereotipo está intacto. Los vampiros se visten formales pero desaliñados, los hombres lobo van en manada, literalmente, al trabajar todos juntos en un taller, y por supuesto, los seres sin catalogar usan túnicas y viven dentro de la “Ciudad de Hueso”, la cual hace presencia por menos de cinco minutos. Bueno, eso de las túnicas tiene sentido y es reprochar por hacerlo, pero ver a uno caminar en slow-motion por un cementerio a plena luz del día pierde el respeto. Por otro lado esto no sería tan gracioso si no fuera por el jardinero que está haciendo su trabajo tranquilamente a solo unos metros de distancia. Imaginemos la ridiculez de cada personaje con presentaciones como esta, las cuales varían en estilo, pero no en efecto.
 
Ir con el chiste fácil y decir que la cinta es un incesto en sí misma es demasiado, por más correcto que pueda ser. Sin querer arruinar la “sorpresa”, los problemas sexuales que rodean las esquinas de esta historia son demasiado preocupantes. Es acá donde terminaría mi comodidad por atacar material del cual desconozco su fuente. Pero ¿hasta qué punto está bien perdonar a la fuente, si lo que vemos en pantalla es algo esencial? No, no es incompetencia dirigiendo, escribiendo o editando, va más allá de filmar, nadie puede adaptar esta novela y salir ileso en cuanto a ese punto de la trama. Lo cual tampoco implica que el resto escape impune.
Es su argumento confuso, montajes adolescentes de telenovela y la estupidez, lo que nos permite acercarnos a su verdadera cara. “Cazadores de Sombras: Ciudad de Hueso” es una comedia. Una que reúne los momentos y elementos más memorables del género para ridiculizarlos consciente y consistentemente. Es ese desastre que vale el precio de su entrada, pero que no merece ni un fragmento del mismo.
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