CRÍTICA | ANINA (2013)

El cine uruguayo recibió su primer largometraje animado a principios del año pasado, y si bien el trabajo de Walter Tournier obtuvo una cantidad de opiniones positivas, a mi ver, el asunto comienza a encenderse ahora. “Anina”, la cinta de Alfredo Soderguit es, en su mayoría, un regalo visual y personal que parte del verdadero sentimiento.
Basada en la novela infantil de Sergio López Suárez y titulada solo con el nombre de su protagonista, la cinta sigue a Anina Yatay Salas, una niña de 10 años que vive un pequeño trauma acerca de su nombre y apellidos capicúas. En la escuela nadie hace más que recordárselo en tono burlón, y durante un descuido en el recreo, la rivalidad entre Anina y una de sus compañeras llega al límite. Tras verlas pelear, las maestras las llevan frente a la directora, pero su castigo es un tanto peculiar dado que solo obtienen un sobre que no podrán abrir hasta dentro de una semana. Si bien traerá unos cuantos problemas para Anina, ese sobre significara más que un simple castigo.
Personalmente, en un film como este, uno no puede esperar la mayor calidad animada que suelen proporcionar las animaciones más taquilleras mundialmente. Pero, Soderguit y su grupo de talentosos animadores innovan optando por otro camino al recurrir a una clásica y de verdad diferente animación dibujada. El talentoso equipo crea un estilo personal al unir sus dibujos con animaciones 3D y de verdad deslumbran más que las cotidianas tres dimensiones completas. Como si fuera poco, “Anina” también cambia su estilo en puntos específicos. Ya sea para mostrar lo que ocurre en un televisor o en un recuerdo, los dibujos se vuelven más fluidos y ayudan a distinguir unas escenas de otras, separando su realidad de la ficción, o de sus recuerdos.
Saltando también a la vista está la interesante naturaleza de un film tan personal como “Anina”. Se presentara como una historia infantil, y claramente lo es, pero hay un tono que la diferencia de otras cintas animadas. Los constantes momentos imaginarios y los tiempos pacientes son algunos ejemplos de esto, y por más que el argumento no logra rellenar sus 75 minutos, tampoco pierde su rumbo. Mi mayor sorpresa esta ahí, la película no tiene miedo de volverse un poco extraña, y esas escenas son las que más cautivan y más afectan. Me atrevería a poner énfasis en una genial y tétrica secuencia que combina pesadillas y fantasmagóricas maestras para representar los terroríficos y antiguos castigos escolares, que sin dudas es el punto más alto de la película.
Para ser una producción tanto Uruguaya como Colombiana, la historia se siente muy nuestra. Por suerte, no necesita mostrar un mate o hacer sonar candombe, dado que con unas cuantas voces y la apariencia del mundo que “Anina” dibuja es suficiente. Claramente dirigida hacia los más chicos, mientras estén dispuestos a apreciar algo diferente, el film cumple y probablemente les entregue más lecciones que las películas apuntadas a ese público que llegan cotidianamente a las salas de cine.
Distanciando el efecto infantil del de un adulto expuesto a este trabajo, “Anina” aun es disfrutable, sufriendo solo por las carencias de la fuente como para habitar la pantalla. Aun así, la historia se mantiene en el punto y dudaría ante la posibilidad de que un niño no la disfrute. El resultado de este proyecto orquestado con cariño deja marca en el cine uruguayo, y debería ser visto por cualquiera que apoye el mismo, el cual no hace más que ir cuesta arriba. “Anina” es la pura prueba de esto.
7
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